domingo, 20 de mayo de 2018

12 Maneras para amarse a uno mismo Por Louise Hay



12 Maneras para amarse a uno mismo Por Louise Hay

He descubierto que sólo hay una cosa que cura todos los problemas, y es: quererse a uno mismo. Cuando la gente comienza a amarse a sí misma, cada día ama más su vida, todo mejora de manera increíble. Se sienten mejor. Consiguen los trabajos que desean. Tienen el dinero que necesitan. Las relaciones positivas mejoran, o las negativas se disuelven y comienzan otras nuevas.
Amarse a uno mismo es una aventura maravillosa, es como aprender a volar. Imagínate que todos tuviéramos el poder de volar a nuestro antojo… ¡Qué emocionante sería! Comencemos a amarnos a nosotros mismos ahora. 12 Consejos para aprender a amarse a uno mismo:

1. Deja la crítica.
La crítica nunca cambia nada. Niégate a criticarte a ti mismo. Acéptate tal y como eres. Todo el mundo cambia. Cuando te criticas a ti mismo, tus cambios son negativos. Cuando te apruebas a ti mismo, los cambios son positivos.
2. Perdónate a ti mismo.
Deja que el pasado se vaya. Lo hiciste lo mejor que pudiste en el momento en el entendimiento, con la conciencia y el conocimiento que tenías. Ahora estás creciendo y cambiando, y vivirás la vida de manera diferente.
3. No te asustes.
Deja de aterrorizarte a ti mismo con tus pensamientos. Es una manera terrible de vivir. Busca una imagen mental que te da placer, y cambia inmediatamente tu pensamiento aterrador por un pensamiento placentero.
4. Se amable, gentil y paciente.
Se amable, gentil y paciente contigo mismo a medida que aprendes las nuevas formas de pensar. Date un capricho como lo harías con alguien que realmente amas.
5. Se amable con tu mente.
Odiarte a ti mismo sólo es odiar a tus propios pensamientos. No te odies a ti mismo por tener los pensamientos. Sólo cámbialos suave y progresivamente.
6. Felicítate.
La crítica rompe el espíritu. La felicitación anima a seguir. Felicítate tanto como sea posible. Di lo bien que lo estás haciendo con cada pequeña cosa.
7. Mantente.
Encuentra maneras de apoyarte. Se fuerte para pedir ayuda cuando la necesites. Permite a tus amigos que te ayuden.
8. Se cariñoso con tus patrones negativos.
Reconoce que los has creado para satisfacer una necesidad. Ahora estás encontrando formas nuevas y positivas para satisfacer esas necesidades. Así que amorosamente libera los viejos patrones negativos.
9. Cuida tu cuerpo.
Aprende sobre nutrición. ¿Qué tipo de combustible necesita tu cuerpo para tener energía y vitalidad óptimas? Aprende sobre el ejercicio. ¿Qué tipo de ejercicio le gusta a tu cuerpo? Aprecia y reverencia el templo en el que vivimos.
10. Haz un trabajo de espejo.
Mírate a los ojos con frecuencia en el espejo. Expresa en voz alta este creciente sentimiento de amor que sientes por ti mismo. Perdónate mientras te miras en el espejo. Habla con tus padres mientras te miras en el espejo. Perdónalos, también. Al menos una vez al día, por ejemplo, ” Te quiero, te quiero de verdad!”
11. Quiérete.
Hazlo ahora. No esperes hasta que estés bien, o pierdas peso, o consigas un nuevo trabajo, o encuentres una nueva relación. Comienza ahora y hazlo lo mejor que puedas.
12. Diviértete.
Acuérdate de las cosas que te hacían feliz de niño. Incorporarlos a tu vida ahora. Encuentra una manera de divertirte con todo lo que haces. Déjate expresar la alegría de vivir. Sonríe. Ríe.

LOUISE L. HAY

lunes, 7 de mayo de 2018

CUANDO LAS CABEZAS DE LAS MUJERES SE JUNTAN ALREDEDOR DEL FUEGO


“Cuando las Cabezas de las Mujeres se juntan alrededor del fuego”.
 (Simone Seija Paseyro, Uruguaya)

Alguien me dijo que no es casual…que desde siempre las elegimos. Que las encontramos en el camino de la vida, nos reconocemos y sabemos que en algún lugar de la historia de los mundos fuimos del mismo clan. Pasan las décadas y al volver a recorrer los ríos esos cauces, tengo muy presentes las cualidades que las trajeron a mi tierra personal.
Valientes, reidoras y con labia. Capaces de pasar horas enteras escuchando, muriéndose de risa, consolando. Arquitectas de sueños, hacedoras de planes, ingenieras de la cocina, cantautoras de canciones de cuna.

Cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor de “un fuego”, nacen fuerzas, crecen magias, arden brasas, que gozan, festejan, curan, recomponen, inventan, crean, unen, desunen, entierran, dan vida, rezongan, se conduelen.

Ese fuego puede ser la mesa de un bar, las idas para afuera en vacaciones, el patio de un colegio, el galpón donde jugábamos en la infancia, el living de una casa, el corredor de una facultad, un mate en el parque, la señal de alarma de que alguna nos necesita o ese tesoro incalculable que son las quedadas a dormir en la casa de las otras.
Las de adolescentes después de un baile, o para preparar un examen, o para cerrar una noche de cine. Las de “venite el sábado” porque no hay nada mejor que hacer en el mundo que escuchar música, y hablar, hablar y hablar hasta cansarse. Las de adultas, a veces para asilar en nuestras almas a una con desesperanza en los ojos, y entonces nos desdoblamos en abrazos, en mimos, en palabras, para recordarle que siempre hay un mañana. A veces para compartir, departir, construir, sin excusas, solo por las meras ganas.
El futuro en un tiempo no existía. Cualquiera mayor de 25 era de una vejez no imaginada…y sin embargo…detrás de cada una de nosotras, nuestros ojos.

Cambiamos. Crecimos. Nos dolimos. Parimos hijos. Enterramos muertos. Amamos. Fuimos y somos amadas. Dejamos y nos dejaron. Nos enojamos para toda la vida, para descubrir que toda la vida es mucho y no valía la pena. Cuidamos y en el mejor de los casos nos dejamos cuidar. Nos casamos, nos juntamos, nos divorciamos. O no.

Creímos morirnos muchas veces, y encontramos en algún lugar la fuerza de seguir. Bailamos con un hombre, pero la danza más lograda la hicimos para nuestros hijos al enseñarles a caminar.
Pasamos noches en blanco, noches en negro, noches en rojo, noches de luz y de sombras. Noches de miles de estrellas y noches desangeladas. Hicimos el amor, y cuando correspondió, también la guerra. Nos entregamos. Nos protegimos. Fuimos heridas e inevitablemente, herimos.
Entonces…los cuerpos dieron cuenta de esas lides, pero todas mantuvimos intacta la mirada. La que nos define, la que nos hace saber que ahí estamos, que seguimos estando y nunca dejamos de estar.
Porque juntas construimos nuestros propios cimientos, en tiempos donde nuestro edificio recién se empezaba a erigir.
Somos más sabias, más hermosas, más completas, más plenas, más dulces, más risueñas y por suerte, de alguna manera, más salvajes.
Y en aquel tiempo también lo éramos, sólo que no lo sabíamos. Hoy somos todas espejos de las unas, y al vernos reflejadas en esta danza cotidiana, me emociono.

Porque cuando las cabezas de las mujeres se juntan alrededor “del fuego” que deciden avivar con su presencia, hay fiesta, hay aquelarre, misterio, tormenta, centellas y armonía. Como siempre. Como nunca. Como toda la vida.


Para todas las brasas de mi vida, las que arden desde hace tanto, y las que recién se suman al fogón.

miércoles, 25 de abril de 2018

ADMIRO LA GENTE QUE NO LE TEME A LA VIDA...


Admiro a la gente que no teme a la vida, porque ésta le parece tan bella y sorprendente, que recibe lo mejor de cada día.

Admiro a quien pierde a un ser querido y no se hunde en el dolor, si no que se vuelve más fuerte, se llena de motivos y sigue su camino entero e indestructible.

Admiro a quién se levanta cada día con la intención de mejorar el mundo, de crear nuevas ideas y de hacer posible lo imposible.

Admiro a quién ha decidido dejar de quejarse y se ha concentrado en mejorar, reparar, ayudar, movilizar y crear consciencia en sus semejantes.

Admiro a quien no sólo ve para si mismo, si no para un todo, a quién no se reconoce como único ni especial, pero que en cada acto de su vida lo es.

Admiro a quien brinda la ayuda más sincera, que se compadece ante el débil y extiende su mano sin importarle hasta donde llegará.

Admiro a quien prefiere disfrutar de un libro antes que a un cigarrillo y observar las estrellas antes que a el televisor.

Admiro a quién ve en los niños la esperanza de un mejor mañana, quien escribe poemas al aire, porque encuentra en cada paso, rastros de cariño, quien se ríe sin saber por qué y nunca se detiene, que vibra con su entorno y su presencia es luz en cada hogar.

Admiro a quién logra que el Universo tome dirección, motivo, simplicidad, magia, complicidad sabor y Vida.

Descubro en ellos la huella de belleza y perfección y dejo brotar de mi corazón, el amor de mi admiración.

Kok - Uhga

TODO TE ENSEÑA ♥


sábado, 17 de febrero de 2018

SI YO TUVIERA MI VIDA PARA VIVIRLA DE NUEVO



SI YO TUVIERA MI VIDA PARA VIVIRLA DE NUEVO



Me habría ido a la cama cuando estaba enferma, en vez de creer que la tierra se detendría, si yo no estaba en ella al día siguiente.


Hubiera encendido la vela rosada, en forma de rosa, antes de que se derritiera guardada en el armario.

Habría invitado a mis amigos a cenar, sin importarme la suciedad de la alfombra y el sofá desordenado.

Habría comido las palomitas de maíz en el "salón de las visitas" y me habría preocupado menos del engorro que suponía, cuando alguien quería encender el fuego en la chimenea.
Habria dado mi tiempo, para escuchar a mi abuelo divagando sobre su juventud.
Habria compartido mas el dia a dia con mi marido, que con la oficina.
Me habria sentado en el prado, sin importar las manchas de la hierba.
Habria llorado y reido menos viendo televisiin y mas mientras vivia la vida.
En lugar de evitar los malestares de los nueve meses de embarazo, habria atesorado cada momento y comprendido que la maravilla que crecia dentro de mi, era mi unica oportunidad en la vida de asistir a Dios en un milagro.
Cuando mis hijos me besasen impetuosamente, nunca habria dicho "cuidado, estoy ocupada, ahora ve y lavate para la cena", Habria habido mas "te quiero" y mas "lo siento"
Pero sobre todo, quiero darle otra oportunidad a la vida, quiero aprovechar cada minuto.
Mirar las cosas y realmente verlas... vivirlas y nunca volver atrás.

DEJAR DE PREOCUPARME POR LAS COSAS PEQUEñAS Y COMENZAR A PREOCUPARME POR LAS COSAS BELLAS QUE SI IMPORTAN!!!

No te preocupes sobre a quien no le agradas, quien tiene mas o quien hace que. En lugar de eso, atesoremos las relaciones que tenemos con aquellos que de verdad nos quieren.




ERMA BOMBECK 

(escrito después de descubrir que estaba muriendo de una enfermedad terminal)

viernes, 8 de diciembre de 2017

UN MARAVILLOSO CUENTO DE NAVIDAD

Había una vez, en un pequeño pueblo, un viejo cura párroco famoso y respetado por su sabiduría y su bondad.

Su parroquia, bastante alejada de la plaza central del pueblo, se mantenía casi ignorada y oscura durante todo el año. Sin embargo, cada diciembre, cuando se acercaba la Navidad la calle entera de la iglesia parecía adquirir luz propia.


Es verdad que el desproporcionado árbol de Navidad que el anciano armaba en el ciprés de la vereda, frente a la iglesia, irradiaba un brillo incomparable, pero no era sólo eso. Cada ladrillo del frente del viejo edificio parecía iluminarse desde adentro y alumbrar la que hasta unas horas antes era una de las calles más oscuras del barrio.


Desde la otra punta del pueblo se veía la luminosidad que parecía expandirse desde la vieja parroquia elevándose en el cielo.
Quizás poe eso, quizás por la nobleza del viejo cura, hombre puro de alma y espíritu y sacerdote de fé, inquebrantable, quizá por la suma de todas las cosas, la Navidad traía al pueblo un hecho que para muchos representaba un milagro navideño.


Cada año, para estas fechas todos los que tenían un deseo insatisfecho, una herida en el alma o la imperiosa necesidad de algo importante que no habían podido lograr, iban a ver al viejo cura. El se reunía con ellos, los escuchaba y los convocaba para que prepararan su corazón para un milagro antes de las doce de la noche del veinticuatro de diciembre.


Cuando el día esperado llegaba y todos estaban reunidos frente a la parroquia, el cura encendía todavía algunas velas más alrededor del árbol, y luego recitaba una oración en voz muy baja...como si fuera para él mismo.
Dicen...que cada Navidad Dios escuchaba las palabras del párroco cuando hablaba.
Dicen que a Dios le gustaban tanto las palabras que decía, dicen que se fascinaba tanto con aquel árbol de Navidad iluminado de esa manera, dicen que disfrutaba tanto de esa reunión cada Nochebuena...Que no podía resistir el pedido del cura y concedía los deseos de las personas que ahi estaban, aliviaba sus heridas y satisfacía sus necesidades.


Cuando el anciano murió, y se acercaron las navidades, la gente se dio cuenta que nadie podría reemplazar a su querido párroco.
Cuando llegó diciembre, sin embargo, decidieron de todas maneras armar el árbol de Navidad frente a la parroquia e iluminarla como lo hacía en vida el sacerdote.
Y esa Nochebuena, siguendo la tradición que el cura había instituído, todos los que tenían necesidades y deseos insatisfechos se reunieron en la vereda y encendieron velas como habían aprendido del viejo párroco...


Se hizo un silencio...Nadie sabía lo que el viejo cura decía cuando el árbol se iluminaba por completo....Como no conocián las palabras, empezaron a cantar una canción, recitaron unos salmos y al final se miraron a los ojos compartiendo en voz alta sus dolores y alegrías en ese mismo lugar, alrededor del árbol.


Y dicen...que Dios disfrutó tanto de esa gente reunida alrededor del ciprés, frente a la vieja parroquia, hermanados en sus deseos...que aunque nadie dijo las palabras adecuadas, igual sintió el deseo de satisfacer a todos los que ahí estaban. Y lo hizo.


Desde entonces cada Nochebuena en aquella parroquia, alrededor de ese árbol tan especial, algunos milagros ocurrían, posiblemente en honor o quizás, por que no? por influencia del cura párroco...
El tiempo ha pasado y de generación en generación la sabiduría se ha ido perdiendo...


Y aquí estamos nosotros.
Nosotros no sabemos cuál es el pueblo donde está la parroquia.
Nunca conocimos al bondadoso anciano y mucho menos sabemos cuáles eran sus mágicas palabras...Nosotros ni siquiera sabemos cómo armar nuestro árbol de navidad de la manera que él lo hacía...
Sin embargo, hay dos cosas que sí sabemos, sabemos ahora esta historia y sabemos que se acerca la Navidad... 


Y dicen...que Dios adora tanto este cuento... que disfruta tanto de las historias navideñas,que basta que alguien cuente esta leyenda y que alguien la escuche o la lea...para que él, complacido, satisfaga cualquier necesidad, alivie cualquier dolor y conceda cualquier deseo a todos los que todavía, aunque sea un poco, creen en la magia de la Navidad.